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En Ecuador, como en la mayoría de los países del Tercer Mundo, un gran porcentaje de la población actual vive en casas hechas con tierra. El método mas común de éstos es el adobe. Además se usa el tapial y el bahareque. Los bloques de adobe rectangular, han sido usados con variaciones de tamaño y aditivos, típicas de cada región por las características del suelo, desde la era prehispánica. Por ejemplo, en zonas bajas la tierra era mezclada con cáscaras de huevos y conchas; y, en la sierra, con paja como aglutinante.

 

Con el arribo de los españoles, la construcción de adobe continuó manteniendo las características básicas e incorporando técnicas de la cultura española de esa época.

 

Las casas de adobe tienen unas propiedades excelentes acústicas y térmicas, lo que las hacen ideales para zonas de clima severo y grandes variaciones de temperatura. Para la gente mas pobre, esta es casi su única opción por su bajo costo y la posibilidad de autoconstrucción. Sin embargo, estas ventajas desaparecen cuando están sujetas a terremotos, pues tienen una pobre resistencia a fuerzas de corte. El comportamiento usual, durante el movimiento sísmico, es el aparecimiento de rajaduras en esquinas y paredes, las cuales se separan y caen, causando el colapso del techo.

 

A partir de un gran terremoto en Guatemala a fines de la década de los años 70, aparece en la Escuela Solaradobe del Suroeste de Estados Unidos, el uso de cadenas de hormigón armado sobre paredes, como amarre de toda la estructura. Además, en Perú y Canadá, desarrollan el "confinamiento del adobe", en esquinas y sitios principales, hecho con malla metálica soldada y recubrimiento de hormigón anclando a cadenas y vigas. Este método sirve inclusive en Perú, para restaurar casas antiguas y darles el refuerzo necesario para resistir un sismo.

 

Actualmente en Ecuador, desde hace unos 15 años aproximadamente, se ha retomado la construcción con este sistema, con viviendas para clases medias y medias altas. Son innumerables las casas construidas, y cada vez aumenta la aceptación por su calidez, facilidad de dar formas, tranquilidad y paz generada de la tierra. Los enlucidos son de varias clases, y depende del gusto de cada propietario.